Sombra de luz que se hace lienzo, dibujos de mares que siempre flotan en la nada, que atraen cómo tragedia, pintura del delirio, ineluctable, siempre ineluctable, eso, solo extravío.
-Me parece que le conozco a usted. -No recuerdo haberle encontrado antes. -¿De dónde viene usted? -He dejado tantas veces el mismo lugar que tengo la impresión, ahora, de no ser de ningún sitio... -...pero habla usted una lengua muy concreta. La lengua de un país reconocible. El mío.
Imagino verde la noche, como de cuento, destejiendo su plata en hilos que cuelgan como pendientes, entonces, entre sombras de oro, montamos el mar. Lo imagino y lo deseo.
La certeza. Un ancla se hunde y nos deja en alta mar contemplando el paisaje. Somos un caracol que flota. Quien nos pudiera mirar se extrañaría de todo.
Comienzo con esta imagen de hace un año que hice para un calendario, en esta existen muchos elementos que abordo en todo mi trabajo, ella se llama Gaël. La manía por la tramoya, el mutis, el deseo que nos desprende del piso y este gusto por la economía del color.